Fotografia de Albert Watson“Envueltos en el torbellino de este tiempo de guerra, condenados a una información unilateral, sin la suficiente distancia respecto de las grandes trasformaciones que ya se han consumado o empiezan a consumarse y sin vislumbrar el futuro que va plasmándose, caemos en desorientación sobre el significado de las impresiones que nos asedian y sobre el valor de los juicios que formamos. Creemos poder decir que nunca antes un acontecimiento había destruido tanto el costoso patrimonio de la humanidad, ni había arrojado en la confusión a tantas de las mas claras inteligencias, ni echado tan por tierra los valores superiores. Hasta la ciencia ha perdido su imparcialidad exenta de pasiones. Sus servidores, enconados hasta sus más últimas fibras, buscan arrancarle armas para contribuir a la derrota del enemigo. El antropólogo tiene que declarar inferior y degenerado al oponente, y el psiquiatra, proclamar el diagnostico de su enfermedad mental o anímica. Pero es probable que resistamos con desmedida fuerza la maldad de la época, y no tenemos derecho a compararla con la de otras épocas que no hemos vivenciado”. (Freud, 1915, P 277)
El anterior discurso nos introducía al texto freudiano: “De Guerra y Muerte, Temas de Actualidad” escrito en 1915, y hoy día a casi 100 años de Psicoanálisis le tenemos que decir al señor Freud que hemos resistido, vivenciado y tal vez, peor aun, ahora ya ni tenemos punto de comparación con ninguna época.
La guerra, la delincuencia, el terrorismo, los crímenes sexuales, los maltratos infantiles o familiares, las formas violentas de los comportamientos adolescentes y todo aquello que nos ofrece el in-mundo en que vivimos hoy, son fenómenos que dan cuenta de como aquella tan oscura Trieb, hoy día es victoriosa en tanto se presenta como la forma directa de satisfacción pulsional en la actual época, representada en cada vez más y más actos de agresión de unos individuos contra otros, actos de índole física o psíquica.
Lo anterior lleva a preguntarnos si es que acaso: ¿estamos en una época en la cual hay más violencia que antes? O mejor aún ¿hay nuevas y abundantes formas de violencia? Sin embargo, no es esto lo novedoso e interesante pues a simple vista la respuesta seria mas que afirmativa, en cambio, si lo es el hecho de que en la subjetividad de la época actual es indudable la existencia de un discurso de la violencia ó, mas bien, se ha instalado y casi que cristalizado una especie de vínculo entre los hombres que transmite, consiente (de consentir, no de conciencia) e incluso empuja a ciertas formas de violencia. Hecho aquel, que le exige al psicoanálisis una interrogación y tenga algo que decir con respecto a la agresividad, y a pensar sobre aquello que hace del mundo actual un mundo in-mundo menos tomado por la palabra y el acuerdo y sí en cambio un desencuentro, una cadena interminable de actos en contra de lo vital y de los lazos que hacen posible los vínculos entre los seres hablantes.
Es por ello, que mi obligación como analista se dirige a que el psicoanálisis se proponga y se oferte como herramienta del saber e intervención, y que si bien, existe la claridad de no ser posible encontrar aquí quizás una respuesta única para entender qué pasa que los seres hablantes tienden más a la muerte que a conservar la vida y los vínculos, si creo que puede ser de gran utilidad al aportar una luz propia en cuanto al fenómeno de la agresividad en los seres humanos, en tanto esta luz se entienda en la medida de una trasmisión a la comunidad en general que tanto sufre esta incesante saciedad pulsional.
Si bien el psicoanálisis no posee la verdad, ni es la única vía que propone cómo pensar, o intervenir la agresividad, si permite indicar que los seres humanos no se destruyen a si mismos, o a otros, por asuntos de nacimiento, pobreza, o falta de cubrimiento o satisfacción a sus necesidades básicas como a veces se ha querido indicar desde los discursos sociológicos, por ejemplo. Así mismo, si bien el psicoanálisis no se opone a los discursos educativos por ejemplo, si puede indicar en cambio los límites de éste, en tanto señala que la pulsión no puede ser sujeta ni prescrita a parámetros, leyes, proyectos, (los de Educación Sexual, por ejemplo). El psicoanálisis, indicando entonces que la pulsión en lugar de ser dominada o sofocada con medidas represivas o dejada a su absoluta libertad como lo han propuesto y establecido en algunas instituciones e incluso en la célula familiar misma, intenta mostrar otras vías que conducen a saber un poco acerca de ella.
El psicoanálisis, desde su padre Freud nos indicó, a partir de su clínica e investigaciones , que siempre es fundamental el conocer de aquello que nos empuja a lo peor desde el encuentro mismo con el otro semejante, y ofrece elementos teóricos y clínicos que a docentes, educadores, sociólogos y psicólogos pueden permitirles conocer, que más allá de los hechos externos de los que obviamente hay que ocuparse, es primordial indicar que hay un más allá en la subjetividad de cada quien, al que puede accederse con un saber, saber de ello que nos habita, saber de nuestros límites y saber de esa tendencia arcaica fundante de la cultura misma que ha engendrado el odio entre los seres humanos y que en el uno por uno, en los decires diarios de la clínica, Freud empezó a develar mostrándonos aquel más allá del principio del placer.
Es pues desde allí, de los hechos narrados por sus propios pacientes que Freud se permite escuchar un más allá de lo que decían padecer, un mas allá que los hacía regresar siempre a aquello que le traían como queja. Círculo infernal de dolor y regreso que más tarde nombra como compulsión a la repetición. Manifestación que no lo deja de sorprender, pues se da cuenta que aquello que enferma a sus pacientes son ideas, recuerdos o escenas penosas olvidadas por lo dolorosas o inconfesables. Tales ideas casi siempre abrigando un contenido sexual que ha terminado por afectar y alterar tanto la vida física como la psíquica de los pacientes que llegan a verle.
De esta manera, y aunque tal vez someramente, se vislumbra un poco que el asunto se podría comprender con saber de ello, de lo peor que nos habita, saber que pérdidas de la historia de cada sujeto le han implicado duelos y renuncias, qué dolor ha quedado ligado a las palabras y al cuerpo y de qué modo en estas palabras y en el cuerpo se gestan los síntomas particulares, el modo en que cada quien se hace daño, se arremete a sí mismo y a otros para recordar dolores antiguos , a los que aún no termina de renunciar, saber acerca de esto es ya una vía importante que el psicoanálisis puede ofrecer a lo particular y un modo distinto de pensar la agresividad en el ámbito social .
Se trata entonces de ofrecer un espacio de intervención a esta sociedad tan saciada que no habla sino que golpea y grita, ofrecer un instrumento para saber-hacer con su pathos, con su sufrimiento en demasía, de ofrecer una vía que permita la fractura del nuevo consentimiento humano, esto novedoso que cada día rompe mas el vínculo con la palabra, con las redes del simbólico, que el psicoanálisis indica, es lo único que hace posible la comunidad entre los seres humanos. Esta entonces es la oferta del Psicoanálisis.
REFERENCIAS
Freud Sigmund. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. En: Obras completas. Argentina. Amorrortu editores Vol. XIV
Freud Sigmund. (1915). De guerra y muerte, temas de actualidad. En: Obras completas. Argentina. Amorrortu editores Vol. XIV
Freud Sigmund. (1920). Más allá de el principio de placer. En: Obras completas. Argentina. Amorrortu editores Vol. XVIII